Los sueños se cumplen. Experiencias adaptadas.

Los sueños se cumplen. Experiencias adaptadas.

A continuación, Juan Antonio nos cuenta cómo vivió la experiencia adaptada desarrollada por Nieves Marín Viajes Adaptados y Ontrack.

Un sueño hecho realidad.

Es la sensación que viví al reencontrarme cara a cara con el mar. Tras quince años de lesión medular, había arrinconado en el olvido los largos paseos a pie por la fina arena de las playas gaditanas. Una terapia de reencuentro íntimo y personal, momentos de privacidad que quedaron desterrados por la imperiosa necesidad de contar con ayuda para llegar al agua.

Conquistar la independencia en la playa parecía misión imposible. Eso pensaba hasta que me embarqué en una silla de ruedas con tracción de oruga. Un tanque todoterreno, me dije al ver boquiabierto unos vídeos en la web de la agencia Viajes Adaptados de Nieves Marín.

No tenía dudas, quería probar una de esas sillas fabricadas en Estados Unidos y comercializadas en exclusiva en Europa por la empresa OnTrack, con sede en Gijón. Era la excusa perfecta para poner rumbo al paraíso asturiano.

Nieves organizó la escapada y me presentó a Juan Carracedo, ingeniero experto en logística, fundador de Technolis Outsourcing y responsable de OnTrack. Y sobre todo un tipo afable, cercano y sensible a las necesidades de las personas con discapacidad.

El manejo de las sillas de ruedas con tracción de oruga es muy sencillo. Tienes todo el control a través de un joystick apto incluso para usuarios con escasa movilidad en las manos. Tres recomendaciones básicas en boca de Juan y todo listo para lanzarme a la arena de San Lorenzo, una de las playas más emblemáticas del Principado de Asturias.

Sobre una de estas sillas, las barreras se desvanecen, la brisa de la libertad invade cuerpo y alma y sientes que la vida no tiene límites. Recorrí a mi antojo cada rincón de la playa. De un extremo a otro, desde “La Cantábrica” hasta “El Tostaderu”, paseando sin dificultad por la orilla del mar, cruzando balsas de agua en la arena y sorteando como un cuatro por cuatro la zona rocosa en la desembocadura del rio Piles.

La estabilidad de las sillas todoterreno anula el riesgo de cualquier incidente. Subí y bajé sin problemas las rampas de acceso a la playa ante la incredulidad de los turistas que inmortalizaron mi hazaña en sus móviles. Y me atreví con bordillos, aceras y pasos de peatones hasta llegar a una terraza cercana para echar unas cervezas y un buen rato de charla con Nieves y Juan.

Misión cumplida, les dije.

Me sentí feliz, no se puede describir de otra forma.

He vuelto a subirme a las sillas de Juan en más ocasiones y he descubierto nuevas sensaciones, nuevas formas de ocio para compartir con amigos, con familia, con mi gente, conmigo mismo. La playa, la montaña e incluso la nieve dejaron para siempre de ser entornos hostiles, excluyentes.

Ya no miro la vida desde la ventana…